miércoles, 28 de octubre de 2009

Sigo buscando mi camino

Hoy, mientras viajaba en el último subte de la noche, luego de una jornada horrible de trabajo, imaginaba que mi vida era como el túnel por el cual transitaba: negro, con algunas luces en el camino y de a ratitos un espacio iluminado y con gente que sube y comparte el viaje conmigo.
La semana pasaba fue como la estación José Hernández, colorida, amplia, un lugar en el cual podés quedarte un rato a esperar que llegue el próximo tren, sin tener que preocuparte por horarios.
Fue una de las mejores semanas del año, donde compartí un viaje increíble con mi mamá, mis hermanas y mi sobrina.
Después llegó la estación 9 de julio, llena de gente que te empuja, que quiere sacar ventaja para entrar en tu tren, que habla a tus espaldas y que es irrespetuosa. Donde sólo podés rescatar muy pocas personas, esas que te piden permiso, que te ceden el asiento si ves que venís muy cargada, que se disculpan por haberte pisado sin querer... esas son las personas con las que querés viajar, con las que podrías compartir tu viaje.
También hay una estación que me lleva a vos, que me hace querer bajar y quedarme ahí todo el tiempo posible. En Scalabrini Ortíz sé que puedo encontrarte y espero con ansias el día en que me mandes un mensaje y me pidas que me quede, que esa estación es para los dos. Pero tenés que resolver el amontonamiento de gente, esa que se entrecruza entre nosotros y no nos permite acercarnos. Gente que te roba miradas y hace que no me pienses, que no sientas lo mismo que yo.
El problema es que yo no puedo ver a esas personas, sólo te veo a vos y eso no me hace bien, porque si pudiera ver que hay gente a mi alrededor no me sentiría tan sola o quizás no pensaría en que puede haber un futuro de amor entre nosotros.
Mi vida podría resumirse en ese tramo de la línea D. Congreso de Tucumán es mi pasado, el lugar donde solía vivir y creer que el amor era para toda la vida. Después descubrí, unas estaciones más adelante, que en S. Ortíz podía encontrarte, aunque sólo pase momentos fugaces ahí.
Por suerte después llega Callao, mi estación amiga, la que me ofrece el hombro para llorar y con la cual estoy en deuda siempre.
9 de julio es el lugar caótico del cual quiero alejarme, aunque sé que es una estación obligatoria para llegar a Catedral, donde termina mi viaje y donde la experiencia adquirida en la estación anterior puede hacer que mi viaje continúe.
Hoy me sentí tan sola viajando, porque no tenía estación donde bajarme. Hoy me di cuenta que no tengo ese abrazo de amor que puede hacer que me olvide de mis problemas, esa persona que al llegar a destino me bese con pasión y me diga que todo va a salir bien.
Hoy lloré mucho pensando en la frustración laboral, en el amor de una pareja que no tengo... Me parece que lo mejor va a ser que empiece a tomar otros caminos, quizás las combinaciones hagan que mi viaje se ilumine y que pueda llegar a mi destino por otro lado, tal vez sea más largo o más costoso, pero creo que vale la pena intentarlo.

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