Hoy tuve una experiencia de lo más excitante.
Ascensor, calor, 2.30 de la tarde, compañía masculina que me provoca continuamente.
Dejamos lo que teníamos en las manos para empezar a tocarnos, besarnos, todo en lo que duraba una viaje del 4to a la planta baja.
Se dió cuenta que no alcanzaba, me propuso ir hasta el 8vo y seguir tocándome, mmm, cómo negarme a tan tentadora propuesta?
Mi mano fue directo a su pantalón y con él susurrándome todo lo que quería hacerme, esa dirección se tornaba inevitable.
Finalmente llamaron al ascensor y no nos quedó otra opción que separarnos. Bajamos, salimos, caminamos y charlamos como si nada. Porque no pasó nada, nadie puede saber que pasa algo entre nosotros, por eso ni siquiera nosotros lo decimos.
Volvimos rogando que nadie quiera subir en nuestro ascensor, había una persona esperando para subir, él esperó que eligiera un ascensor e inmediatamente me abrió la puerta del otro.
Esta vez sólo redoblamos la apuesta, ahora sí, se bajó el pantalón y me dediqué a hacerlo gemir por un rato. Durante esos momentos mi celular no dejaba de sonar, pero por suerte lo tenía él, no era un buen momento para hablar, mi boca estaba ocupada en asuntos más importantes.
Otra vez llamaron al ascensor, no alcanzó nuestro viaje de la planta baja al 8vo y vuelta. Como pudimos nos separamos, él no tuvo tiempo de abrocharse el cinturón. Subió una persona y desde el 4to llamaron el ascensor. Esa era nuestra parada, así que volvimos a la oficina como si nada hubiera pasado.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)